Blas de Otero “Ángel fieramente humano”

ÁNGEL FIERAMENTE HUMANO (1950)

HOMBRE

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,

al borde del abismo, estoy clamando

a Dios. Y su silencio, retumbando,

ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte

despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo

oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando

solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.

Abro los ojos: me los sajas vivos.

Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.

Ser -y no ser- eternos, fugitivos.

¡Ángel con grandes alas de cadenas!

LA TIERRA (LO ETERNO)

Un mundo como un árbol desgajado.

Una generación desarraigada.

Unos hombres sin más destino que

apuntalar las ruinas.

                                       Romper el mar

en el mar, como un himen inmenso,

mecen los árboles el silencio verde,

las estrellan crepitan, yo las oigo.

Sólo el hombre está solo. Es que se sabe

vivo y mortal. Es que se siente huir

-ese río del tiempo hacia la muerte-.

Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,

subir, a contra muerte, hasta lo eterno.

Le da miedo mirar. Cierra los ojos

para dormir el sueño de los vivos.

Pero la muerte, desde dentro, ve.

Pero la muerte, desde dentro, vela.

Pero la muerte, desde dentro, mata.

…El mar -la mar-, como un himen inmenso,

los árboles moviendo el verde aire,

la nieve en llamar de la luz en vilo…

Este poema de Blas de Otero pertenece a la etapa existencial. El existencialismo básicamente, postula que existe una gran diferencia entre “ser” y “existir.

“Ser” es un hecho pasivo: los objetos “son”, porque no protagonizan ninguna acción, no pueden elegir su propio destino. Sin embargo, el hombre “existe”: no tiene por qué coincidir con lo que es, puede cambiar su propio ser con sus decisiones.

Esta etapa se caracteriza por la búsqueda del sentido de la existencia del hombre, un hombre desvalido pero con sed de eternidad, por lo que son frecuentes las desgarradas preguntas a un Dios que no responde.

En este poema se aprecia que el hombre está destinado a la muerte en un contexto de desolación; con ganas de sobrevivir, y por ello busca a Dios. Lo que antes solo pensaba se convierte en una pregunta a Dios. Pero la única respuesta que obtiene es el silencio. En ese momente es cuando empieza a tener miedo por la muerte, por el fallido hecro de buscar respuesta en Dios.

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